Ahora que se recomienda usar el cubre bocas como parte del protocolo para evitar el contagio de COVID-19, éste tapa la nariz y la boca, dejando únicamente los ojos al descubierto.

Al comunicarte con el prójimo teniendo el cubre bocas, es difícil oír claramente lo que dice tu interlocutor, por lo tanto, tienes que mirarlo a los ojos para prestarle mayor atención a lo que dice.
Es increíble que tuviera que suceder una pandemia para mirar a los ojos a nuestro prójimo.

Antes de este suceso, nuestra mirada estaba fija en un celular, en una computadora en cualquier aparato electrónico y no en nuestros seres queridos, mucho menos en otra persona ajena a nosotros y ni se diga de fijarnos del daño al medio ambiente.

Cuando te comunicas mirando a los ojos, puedes ver a través de la expresión de los ojos los sentimientos de tu interlocutor.
Como sucede cuando vemos las imágenes de las fotos y vídeos, ves el cansancio, la tristeza, la preocupación, el dolor o la alegría, todo a través de los ojos. Con esto podemos hacer empatía con esa persona, solidarizarnos con ella, apoyarla, cuidarla y protegerla.

A Dios también le gusta que lo mires a los ojos, quiere que veas lo mucho que te ama, desea que a través de su mirada puedas sentir su misericordia, puedas confiar en él a tal grado que puedas caminar sobre el mar sin hundirte (Mateo 14,28-29).

Si tu mirada está en los ojos de Dios, habrá comunicación directa, podrás oír su mensaje y llevarlo al mundo, podrás ver en sus ojos el rostro del prójimo que te necesita, podrás comprender que su amor es tan grande que permitió que su hijo padeciera y muriera por ti.
Permite que Dios no solo se quede en tu casa, sino que viva por siempre en tu corazón.

Por: Any
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