Después de trabajar tantos años y haber logrado un patrimonio, me convertí en un fracaso. Nunca he sido millonario, pero alcanzaba para que viviéramos bien. Un día conocí a un “amigo”. Me ofreció algo que sería el gran negocio, pero no era verdad. Fui víctima de un fraude. Me sentía tan desesperado que encontré algo de alivio en las apuestas.

Parecían inofensivas y en cambio me hacían olvidar los problemas de trabajo. Sentía que le fallé a mi familia y sólo jugando encontraba algo de tranquilidad. Lo que no imaginé fue que el juego me atraparía al grado de que nada me importara. Creí que ahí podría recuperar el dinero que había perdido en el negocio, pero no fue así. Por el contrario, me gasté todo lo que me quedaba. Mi desesperación fue en aumento. Me convertí en un hombre déspota y agresivo. Toda mi vida se destruyó.

Después de algunos años mi esposa finalmente me abandonó y me quedé completamente solo. Sin amigos, sin familia, sin negocio y con muchísimas deudas. En las noches no podía dormir y llegué a pensar en matarme para terminar con mi sufrimiento.

Una noche caminaba por la calle y vi un letrero de Jugadores Anónimos. Me acerqué y pregunté de qué se trataba eso. Me explicaron y me invitaron a asistir. Esa misma noche me quedé, aunque ya estaba por terminar la reunión. Al salir sentí una posibilidad de retomar mi vida y ganas de hacerlo. Regresé al día siguiente y no he dejado de asistir ni un solo día. No ha pasado mucho tiempo, pero todo parece ser diferente. Me atreví a buscar de nuevo a mis hijos y han accedido a verme. Me visitan de vez en cuando y me llevan a mis nietos. Estoy agradecido y espero seguir recuperando mi vida.

Anónimo

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