Hablemos de amor, de ese maravilloso sentimiento que “supuestamente” todo ser humano conoce, ya que éste se puede prodigar no solo a personas, sino a animales, a Dios, a la Patria etc.

Por otro lado, no podemos soslayar todo lo que el amor “desata: ternura, pasión, deseo, celos etc. Tampoco hay que negar que el amor es una fuerza de gran poder, capaz de derribar “casi” todo obstáculo, pero también de lastimar, decepcionar, amargar y muchas veces destruir la propia valoración. Y ya que de amor este mes se trata, hablemos del amor HACIA TI MISMO, cómo marcha ese amor, qué tan grande es, cuántas barreras derriba para salir victorioso; por ejemplo: qué sigue después del rompimiento de una relación amorosa.

Ese amor hacia ti mismo emerge y da la batalla, logras recuperarte sanamente a pesar del dolor, o sucumbes a ideas nocivas que el desamor desata como renunciar a él y cerrar la puerta a un nuevo encuentro. Te refugias en el resentimiento hasta degradar al amor y creer que amar solo sirve para hacer daño, para lastimar o traicionar. Te flagelas y te humillas regodeándote en la idea de que fuiste despreciado, rechazado porque no vales la pena o porque no eres digno de ser amado. Destruyes toda valoración propia y la sustituyes por inseguridad y baja autoestima. Renuncias a creer que el amor puede volver a aparecer en tu vida. ¡Cuidado!, estás en la zona de los humillados, de los perdedores y de los rencorosos que no se dan cuenta que el amor es justamente eso: una maravillosa experiencia que nos enseña a vivirlo intensamente cuando está presente, pero también a aceptar cuando se ha marchado o es enfermizo. En este “mes del amor” te invito a que te enamores de ti mismo, mientras el amor aparece nuevamente.

Por Psicóloga Ana María Domínguez Medina

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