Anteriormente nos ocupamos de la compulsión de algunas personas a almacenar basura de objetos o animales tangibles y fáciles de percibir

Anteriormente nos ocupamos de la compulsión de algunas personas a almacenar basura de objetos o animales tangibles y fáciles de percibir; no obstante, es imposible soslayar la otra… la basura emocional y su importancia, pues esta acumulación de desperdicio aunque no es visible, no por ello es menos nociva y hasta quizá de mayor toxicidad, ya que habita o se esconde en lugares recónditos e invisibles donde no siempre el acceso es fácil y podría no detectarse durante toda una vida, puesto que su hábitat es el espíritu y la mente del ser humano.

Y seguramente todos traemos mucha o poca basura acumulándose en nuestro interior, pero ignorando su existencia la vida transcurre, aniquilando lentamente a quien la almacena sin apenas tomar conciencia de ello. Enfrentarla sin duda es complicado, ya que su hallazgo requiere de un escrutinio interno donde reconocerla algunas veces es doloroso y hasta aterrador, pues hay que desentrañar episodios, experiencias, traumas o simplemente recuerdos que lastiman y que hacen daño.

No obstante, la voluntad de sanar y de vaciar tan dañino y venenoso equipaje bien lo vale, reconocer o aceptar que es posible que carguemos un bagaje de desperdicio, seguro empezará a aligerar nuestra carga y a liberar el dolor con el que hemos vivido.

Nunca es tarde para analizar cuánta basura cargamos en nuestra mente y nuestro espíritu, cuánto hemos acumulado a través de los años y lo dañino que resulta para nuestra vida.

Ese difícil escrutinio interno depende un gran valor, esfuerzo, decisión y constancia.

Aunque no te librarás de dicha basura en un corto plazo; no desesperes, la recompensa es invaluable.

Por Psicóloga Ana María Domínguez

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