HOY NO PRONUNCIEMOS SU NOMBRE.

Basta de mencionar su nombre, hagámosle caso al poder de la atracción y no lo traigamos a nuestra vida, a nuestra rutina diaria, a nuestra existencia.

Evitemos que se mantenga constantemente en nuestra conversación y en nuestra mente, quitémosle el poder de perturbar nuestra paz, por supuesto sin la falsa ilusión de negar su existencia; sólo poco a poco y conscientemente vayámosle restando importancia, arrojémoslo de nuestro vocabulario, atemos el poder que ha ejercido sobre nosotros y que se llama miedo irracional.

Acatemos con responsabilidad, disciplina y cuidado todo tipo de precaución conscientes de que cuidándonos cuidamos al otro/a, pero no vivamos para él inmersos en el temor o siendo sus esclavos. No pongamos nuestra paz a sus pies o a su servicio pues le estamos permitiendo que gobierne nuestra vida a su antojo. No dejemos de ver todo aquello que podemos hacer para evitar que dañe, no sólo nuestra salud física, sino también mental y espiritual.

Es tiempo de evitar que destruya nuestras relaciones familiares, sociales, laborales y ojo… amorosas. Por lo pronto, no lo tengamos constantemente en la lengua, fortalezcamos nuestra mente, pongámosle un nombre “X” que lo minimice y le quite el poder que su nombre ha ejercido, con la absoluta certeza de que no nos ganará más batallas, pues no está en su poder el timón de nuestro barco o el control de nuestra vida.

Ya es tiempo de que te asomes a la vida y vuelvas a sentirte VIVO/A (valga la redundancia) eso sí, siendo siempre responsables y precavidos, cuidándonos y cuidando a nuestros semejantes pero sobre todo sabiendo que aunque difícil de derrotar ¡DEFNITIVA Y ROTUNDAMENTE, NO ES INVENCIBLE!

Por Psicóloga Ana María Domínguez Medina
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