Testimonio Anónimo

Yo estuve perdido en el mundo de las apuestas por muchos años. Sentía que jugar póker me hacía sentir vivo y nada más me generaba ese tipo de emoción.

Fui muy arriesgado y hasta llegué a creer que podría dedicarme al póker de manera profesional. Tenía varios grupos de personas con las que jugaba por las noches. Después de un tiempo, era tan fuerte mi deseo de apostar que empecé a jugar también en las tardes. Poco después, me iba a jugar también en las mañanas y fines de semana. Ya nunca estaba en mi casa. No vi crecer a mis hijos y abandoné a mi esposa. Ella aguantó mucho tiempo y me rogaba que dejara de jugar, pero yo, con agresividad le respondía que si nunca le había faltado nada no tenía ningún derecho a prohibirme jugar. Le preguntaba si prefería que yo estuviera con otras mujeres y le hacía sentir que era muy exigente conmigo. El problema es que conforme fui jugando más, también fui adquiriendo deudas y perdí mi trabajo. Finalmente recurrí a agiotistas que me prestaban dinero, pero con tasas de interés muy elevadas. Parecía no importarme nada, solo deseaba jugar y fue ahí donde ya todo se salió de control. Cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo quise recuperar lo perdido, pero eso no sucedió. Por el contrario, cada vez me hundí más.

El Programa de Jugadores Anónimos salvó mi vida. Hoy tengo un trabajo y aunque no gano mucho, me siento seguro y tranquilo. Conocí a una mujer extraordinaria que me ha apoyado en todo este proceso. Veo a mis hijos de vez en cuando y me han perdonado. Hoy todo es diferente. Vivo en paz conmigo mismo. Todo quedó atrás pero nunca dejaré de asistir a mi grupo de Jugadores Anónimos.

"UN DÍA A LA VEZ".
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