Por David Loeza Lara

Se escuchaba el rítmico crujir del antiguo sillón mecedor, la ventana entrecerrada rebotaba contra el marco, al compás de las ráfagas de viento; don Luis, sentado en el sillón, lo movía columpiando lentamente su cuerpo, mirando hacia el horizonte a través de la ventana entreabierta; hacía 6 meses que después de 40 años de feliz matrimonio, su amada esposa Gabriela se había adelantado en el camino hacia el cielo.

El hijo único de ambos vivía en otro país con su familia; los hermanos de don Luis se fueron antes de Gabriela al mismo destino, inclusive, de sus vecinos quedaban nada más un par de ellos, y con enfermedades que no les permitían socializar con frecuencia.

Luis se sentía sumamente solo y sin ningún aliciente para vivir, la tristeza lo invadía día tras día, y no encontraba un motivo para seguir viviendo; todos los días eran iguales, nunca había variación, sumido en sus tristezas no escuchó el abrir de la puerta principal, y en un momento ya tenía frente a él a José, el nieto de un vecino que iba a visitarlo cada 3 o 4 días, -Hola don Luis, buenas tardes ¿qué haciendo? -Hola José, pues qué más, pasando el tiempo, me siento muy solo, ya no tengo a nadie, todos se han adelantado, cada día que amanece dudo levantarme de la cama, no tengo ningún motivo para hacerlo; hay días que ruego a Dios que me lleve con él para ya terminar con esto.

José se sintió triste al saber el estado de don Luis, y se quedó pensativo, -Ya sé don Luis, tengo una idea, podemos poner un anuncio en las redes que diga: ABUELO EN ADOPCIÓN, se oye un poco descabellado, pero debe haber una familia con muchos niños, que por alguna razón no tengan abuelos, y así lo adoptarían a usted y serían felices todos ¿Qué le parece?
Don Luis refunfuñó al principio, pero ante el entusiasmo de José y su insistencia, terminó aceptando; de tal manera que al día siguiente publicaron el anuncio. Para su sorpresa más de una solicitud les llegó tan pronto salió la publicación y don Luis se dio el lujo de escoger la familia que más le simpatizó, una pareja muy amable y con 4 niños ansiosos de disfrutar de los relatos y aventuras de un abuelo; así don Luis vivió feliz el resto de sus días, hasta que Dios lo llamó a reunirse con sus antepasados.
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