A unos meses del evento “Un día sin Mujeres”, una pregunta harto manifiesta de la sociedad fue: ¿Servirá de algo, transformará la situación, se logrará el propósito? Es difícil precisar una respuesta, habrá que aguardar a que el evento vuelva a adquirir la importancia que nunca debió perder a pesar del Covid 19 o por él mismo. Habrá que esperar el momento en que éste deje de ser primera plana y noticia primordial.

No obstante, a pesar de que se espera que la sociedad tome consciencia de esta protesta, es importante resaltar que son las mujeres quienes deben tener claro que gran parte del cambio sólo surgirá a partir del momento en que ellas estén convencidas de que todas esas razones por las que se manifestaron son derechos que siempre han tenido, que no son un obsequio o un favor que la sociedad o los varones tengan que otorgarles.

Serán ellas quienes deban creer que así es como tuvo que haber sido y que es así como tiene que seguir siendo. Serán las mujeres las primeras que deban creerlo, sentirlo y asumirlo para que fluya y se refleje en su rostro como un hecho natural, sin temor, presión o esfuerzo y sin sentir que es un privilegio otorgado. Se trata de no seguir asumiendo el papel de víctimas frágiles o débiles, obteniendo así veladas ganancias secundarias o convenientes. Sólo así, la herencia transgeneracional donde los varones han sido prioridad familiar, social, laboral etc. se transformará, sin pretender con ello declararlos culpables ni victimarios puesto que sólo asumieron el legado heredado.

Por desgracia, habrá otros que temerosos e inseguros de su valía, optarán por seguir oprimiendo, devaluando, abaratando, violentando y asesinando de forma más que impía a aquellas mujeres niñas, adolescentes o adultas que se nieguen a satisfacer sus deseos. Mujer, vive, siente, introyecta y refleja tus derechos, siempre te han pertenecido.

Por Psicóloga Ana María Domínguez Medina
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