Muy pocas veces alguien tiene el valor de aproximarse a nosotros y decirnos con toda franqueza que estamos despidiendo de nuestras bocas una fragancia muy poco agradable para la gente que conforma nuestro entorno.

Incluso es constante que la pareja sentimental del que se ve afectado por este problema acude conmigo y me dice que traerá a su pareja porque tiene muy mal aliento, pero le da pena decírselo. En ocasiones, nosotros mismos no podemos percibir que en verdad el olor de nuestra boca puede llegar a ser muy fuerte e incómodo para los demás, sin embargo, si percibimos que la gente voltea el rostro un poco, cuando les hablamos, tapa discretamente su nariz como en signo de atención, pero en realidad tapando las fosas nasales, es momento de visitar a un odontólogo.

La Halitosis es uno de los signos más comunes en la vida diaria de que algo no está bien con nuestra salud bucal. Halitosis quiere decir en pocas palabras mal aliento; este mal aliento normalmente proviene del proceso de maduración de la placa dentobacteriana, misma que se convierte en sarro y finalmente en tártaro; de no ser retirado, sigue creciendo y ganando espacios, pero como marca la ley de la física, dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, entonces ¿qué sucede? Las encías empiezan a inflamarse, causando hemorragia al contacto, esto se conoce como gingivitis. Recordemos que la encía es un tejido que entre sus funciones está la de protección del hueso que sostiene los dientes, cuando el sarro es demasiado agresivo, cambia el PH de la boca, en consecuencia el hueso se ve tan afectado que empieza a desintegrarse por el contacto con el tártaro dental, al mismo tiempo las encías enrojecen, inflaman y se recorren hacia donde el hueso haya desplazado, al llegar a este grado, los dientes empiezan a tener una agresiva movilidad, con una afección más peligrosa llamada Periodontitis, que involucra hemorragia gingival, movilidad agresiva de las piezas dentales, halitosis, posibles quistes y abscesos. Y pensar que todo esto pudo haberse prevenido con una buena limpieza de los dientes y de los tejidos periodontales, con lo que denominamos una limpieza dental profunda, la cual deberíamos hacernos por lo menos una vez al año (no es lo mismo que una limpieza dental de rutina de cada 6 meses). Lo peligroso de no atender esta enfermedad va mucho más allá del horrible olor bucal que nos ocasiona; las bacterias como E.

Faecalis depositadas en la encía infectada pueden migrar al torrente sanguíneo y depositarse en el corazón, causando una enfermedad casi imposible de combatir llamada Endocarditis Bacteriana. Les pido a todos ustedes pacientes activos y a los que están por convertirse en nuevos pacientes míos, vengan cuanto antes, no permitan que ese sangrado de encías evolucione, no permitan que la gente se voltee cuando les hablen, no permitan que sus dientes se pierdan, lo podemos evitar con disciplina y ciencia, juntos, se los garantizo.

José Luis Cárdenas Aguilar
Cirujano Dentista UADY

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