¿Alguna vez has sentido un dolor tan grande que te provoca un gran vacío? El duelo por la muerte de un hijo, te da esa sensación.

Menciono esto porque ese vacío muy probablemente lo esté sintiendo alguien a quien conoces, que ha pasado por la muerte de alguien a quien seguramente ha amado más que a nadie, pero es más probable que no te haya dicho mucho acerca de ese dolor.

Cuando una persona entra en duelo, debemos tomar en cuenta que este dolor es provocado por la ruptura de su realidad; un día su vida era de una forma y de un momento a otro su existencia cambia, por lo tanto, deberá iniciar un proceso para readaptarse a su nueva vida, sin lo que se fue, en este caso sin su hijo.

Muchas veces las madres que perdemos un hijo, nos sentimos solas, tristes, sin lugar y por lo mismo comenzamos a aislarnos, pero el aislamiento no es por querer estar solas, es por todo lo que sentimos y pensamos; aun siendo diferentes cada persona, el común denominador de las mujeres que pasamos por esto nos aislamos porque: 1. Pensamos que nadie nos va a comprender, 2. No entendemos porqué la vida de los demás sigue su curso, 3. No queremos ser juzgadas, 4.

No queremos que los demás sufran, 5. No tenemos ánimos de convivir, entre otros pensamientos.

El proceso del duelo necesita tiempo, el que se necesite por cada individuo, pero requiere ser guiado para poder trascender el dolor en un aprendizaje. Sí, el duelo, aunque duela, te lleva a aprender algo, pero en lo que llegamos a eso deberemos ir poco a poco por el camino y es necesario estar acompañadas por las personas a las que amamos y por un Tanatólogo especialista que nos sepa guiar.

Por: Elsié A. Becerra Bazán, Presidenta
Asoc. Francesca Bebés con Alas I.A.P.
Facebook: Asociación Francesca Bebés con Alas IAP.
Cel. 9991187997.

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