Una crisis es un estado momentáneo de desorientación y desequilibrio emocional causado por una situación imprevista; los síntomas de una crisis son similares a los de la depresión, pudiendo causar apatía, desgano y dificultades para dormir, concentrarse y reflexionar serenamente.

“Existen varios tipos de crisis, pero los más comunes son: crisis económica, crisis provocada por problemas vocacionales, por problemas sociales, por la pérdida de un ser querido y crisis internas (causada por el paso de la edad, por alguna depresión, etc)” Marco Amezcua.

Todas las personas a lo largo de su vida sufren diferentes tipos de crisis y se experimentan según la personalidad de cada individuo.

Una buena medida para poder superarlas, es acudir con un profesional de la salud mental, quien te ayudará a reflexionar y afrontar las diferentes situaciones que pudieran estar causando la crisis; de igual manera, es importante el uso de la empatía, la solidaridad, animar a la persona afectada a mirar hacia el futuro y a ordenar sus sentimientos.

La crisis resulta un peligro cuando las personas se paralizan, se enfrentan, pierden la confianza en sí mismos y esperan que los demás les resuelvan sus problemas.

Las crisis son necesarias para el desarrollo de una persona, cualquier obstáculo que se presente en la vida, por pequeño e insignificante que parezca, representa un desafío, que al resolverlo ayudará al crecimiento del individuo y al afrontamiento de momentos difíciles.

Para estar preparado para futuras crisis es importante tener una serie de factores que nos ayudarán a convertir esos episodios en oportunidades de crecimiento, como la confianza en Dios, una visión realista, el apoyo de otras personas, una buena autoestima y metas personales claras.

“El crecimiento constante es el mejor mecanismo de supervivencia” Amancio Ortega.

Por Psic. Juan Pedro Gutiérrez Aranda

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