Un día una fresa, que era muy muy roja, les dijo a unas niñas: ¿Quieren jugar conmigo? Las niñas no aceptaron, le dijeron: ¡Ay que horrible jugar con una fresa muy, muy roja! nosotras somos rosas, y no queremos.

La pobre fresa roja fue intentando con muchas otras niñas, pero no cambió la frase; todas le contestaron lo mismo. La fresa roja estuvo harta de que siempre le pasara eso, así que dijo: Tengo una idea -¿Por qué no busco un amigo rojo como yo? ¡Podría ser un tomate! - se dijo así misma. -Sí, si voy a ir a buscar un amigo tomate, pero no olvidaré que tiene que ser muy, muy rojo como yo. Entonces la fresa tomó su maleta y preparó su ropa, sus zapatos, comida, agua, etc.

Se tomó 3 semanas en buscarlo, hasta que por fin lo encontró; la fresa muy, muy roja dijo -“YUUUPY” lo encontré, sí, sí, sí, sí ¿querrá ser mi amigo?- Se preguntó a sí misma, lo tocó y le dijo -¿Quieres ser mi amigo?- Entonces el tomate le dijo –Sí, claro que sí, he buscado por mucho tiempo una amiga fresa muy, muy roja con quien jugar.

Fresa y Tomate se pasaron horas y horas platicando sobre ellos y se hicieron los más grandes amigos y decidieron irse juntos a recorrer el mundo. El tomate y la  fresa demostraron que no por ser muy, muy, muy rojos o por tener características físicas diferentes, no puedes encontrar la verdadera amistad; no tienes por qué hacer caso de críticas por no ser como los demás, y así, salió el valor del “RESPETO”.

FIN

Alana Aviña Cortázar

Edad: 8 años

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