Escrito por  Katiaa Rosique De Juambelz

Una relación nunca es fácil. Primero que nada, nos enfrentamos al hecho de que cada persona tiene una definición diferente de lo que significa “estar con alguien”. Creo que todos podemos tener algo con alguien, le llamemos relación o no.

La mayoría de nosotros pasamos por un largo proceso de ensayo y error. Puedes tener un novio y presentárselo a tus papás, puedes pasar años con esa persona, aunque eso no lo convierte en tu compañero de vida. Las parejas que logran dar ese paso, tan corto pero a la vez tan largo, entre convertir un “amor de novios” a ser compañeros de vida son los que han pasado por altos y bajos en la relación y que aun así se han quedado junto esa persona.

Pienso que el tener un compañero de vida es una decisión consciente que tomamos todos los días que estamos a lado de esa persona. La decisión de quedarse cuando podrías irte, preocuparte cuando podrías ignorar, de apoyar cuando podrías olvidar. 

Si me lo preguntan a mí, cuando dos personas se transforman en compañeros de vida, se dan cuenta que están juntos porque quieren construir algo, incluso cuando podrían hacerlo separado. Atrás se quedarán las dudas, la necesidad de ser validado o la inseguridad de que tal vez no te ama lo suficiente.

Llega un punto en el que no sólo son honestos con su pareja, sino consigo mismos; entienden que hay ocasiones en las que se enojan, se frustran o no se sienten “tan amorosos”. Simplemente hablan, los exponen sin miedo ni pena. Cuando encuentras a tu compañero de vida, encuentras a la persona que te apoyará en todo lo que te propongas, que te amará por lo que eres y no por lo que puedes llegar a ser y será quien te escoja, una y otra vez, porque no hay nadie más con quien quiera estar. 

Al final, las relaciones son para el momento, pero un compañero es para toda la vida.

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