Comenzamos el 2019 con un nuevo gobierno, no es política analizar cómo nos comportamos ante el cambio; unos tienen miedo, otros tienen desconfianza, otros, esperanza. Los motivos para sentir estas controvertidas sensaciones son muchos dependiendo de la situación que cada uno de nosotros vive.

Lo que no tiene discusión es el hecho de que nuestro amado México se ha ido para atrás en muchos sentidos, cuando nos miden en cosas buenas como el nivel de educación somos de los últimos lugares, cuando nos miden en corrupción somos de los primeros en el mundo.

Si analizamos, los niños no nacen siendo corruptos, ni groseros, ni mal educados, ni abusivos, ni ladrones, etc. Esas malas artes las adquieren durante diferentes etapas de la niñez y pubertad; si van adquiriendo dichas malas cualidades será porque las imitan en su propio hogar o en el medio en el que viven. Si un niño escucha a sus mayores hablar con improperios, si los ven tirar basura en la vía pública, si los ven mentir, abusar, etc. eso es su enseñanza de vida, es lo que aprende a ver como “natural” y para ellos no tiene nada de malo portarse igual.

Estamos en la situación que lamentamos como País porque somos nosotros quienes hemos llevado la situación hasta donde nos duele tanto, ni somos capaces de auto corregirnos y mucho menos somos capaces de aceptar una crítica constructiva.

Este nuevo gobierno tiene la intención de cambiar algunas situaciones ya insostenibles, pero no podrá hacer mucho con la clase de pueblo que somos actualmente, queremos que todo lo resuelva el gobierno, cuando los enormes problemas sociales que padecemos los hemos creado nosotros y los alimentamos a diario con nuestra apatía; no nos comprometemos a denunciar si vemos corrupción, o a unirnos como vecinos para cuidar el ambiente, para que los niños puedan salir a la calle a jugar sin temor, o las mujeres sean respetadas, o mantener limpia nuestra calle, colonia y ciudad, a generar confianza como era Mèrida hace 40 años.

Si queremos un México mejor lo tendremos que reconstruir partiendo de nuestras propias convicciones y conducta, dejando de quejarnos por todo y aportando más, con buenas actitudes de ciudadanos conscientes y responsables, siendo más fraternales, íntegros y solidarios entre todos nosotros; reforzar nuestros valores y prodigarlos cuidadosamente en nuestros hijos para que ellos vayan logrando el cambio desde abajo y dejen de sufrir abusos en la escuela, creciendo cada vez con menos problemas en nuestra sociedad.

Y entonces podremos no pedir soluciones al gobierno, podremos exigir respuestas dignas de un cambio generado desde nosotros mismos para que el gobierno facilite las oportunidades para todos.

Por Sergio González Martínez        

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