Hola, mi nombre es Karla, soy profesionista y vivo desde hace tres años en la ciudad de Ticul, Yucatán; y aunque dicen que es ciudad, la verdad es que sigue siendo una comunidad muy alejada de serlo, sobre todo por la forma de pensar de sus habitantes, la cual sigue siendo muy atrasada y “machista”.

El próximo 9 de marzo se llevará a cabo el movimiento “un día sin mujeres”, y me asombra darme cuenta de que ese movimiento no llegará a la mayoría de las mujeres de Ticul, ya que no podrán hacer paro, porque esas cosas, según los patrones uno no les debe calentar la cabeza a las mujeres con esas cosas; y las mujeres que falten a sus trabajos serán sancionadas o castigadas.

Sr. patrón, yo no soy una más de esas mujeres a las que no se les debe calentar la cabeza, soy una mujer valiosa por lo que sé y por lo que soy; y porque soy capaz de defender lo que creo y lo que pienso.

Participaré en el paro. Y participaré no porque sea una mujer maltratada, o porque mi esposo sea machista, ya que ninguno de los dos es mi caso; participaré por solidaridad y por empatía a todas aquellas mujeres que sí lo son, y en representación de todas aquellas como la mayoría de esta comunidad a las “que no se les puede calentar la cabeza” porque recibirán un castigo o una sanción por querer hacerse notar.

Participaré porque yo también me he sentido invisible a los ojos de los hombres, porque he sentido que mi trabajo no es tomado en cuenta o que simplemente estoy para llenar un espacio, porque he sentido la desesperanza y la angustia de tener que permanecer en un trabajo pues no me queda de otra.

Y finalmente, participaré en el paro por que las mujeres somos más del 51% de la población del país y si nos unimos y somos solidarias estoy segura de que seremos escuchadas, y valoradas; y no me refiero al gobierno, sino por nosotras mismas y por cada una de las personas que tenemos alrededor. Porque un día sin Karla a lo mejor sirva para hacer conciencia a mi esposo y mis hijos sobre qué pasaría si no regreso a casa, segura estoy que me extrañarían y les haría falta alguien que les diga -te amo- o que les pregunte cómo les fue; y por insignificante que parezca mi tarea, en la casa hará falta que alguien la haga. En mi trabajo hará falta, por lo menos un día, alguien que abra la oficina sin que tenga que ir el patrón temprano; habrá un hueco en mi escritorio, y a lo mejor alguno de mis compañeros me extrañe y se note mi ausencia; esa ausencia que es por un día pero que es en memoria de la ausencia eterna de miles de mujeres muertas, desaparecidas, invisibles...

Si participar en el paro me hace acreedora de una sanción o un castigo, bien merecido me lo tengo, porque entonces merezco un trabajo mejor a éste.

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